Secuestrada
1, 06 de 2006-09-06 de 2006
Estoy secuestrada.
Afortunadamente no me han metido en ningún zulo de tres metros cuadrados. Siento la libertad más que nunca y lo único que puedo echarle en cara a mi secuestrador es que me roba el poco tiempo libre que tengo. Pero con mi consentimiento. Me encanta. Me deja en casa y me dice cosas bonitas. Me llama y se preocupa por mí. Me hace reír, me invita a cenar.
Mi secuestrador me quita el sueño, me hace padecer de insomnio que aprovecho para pensar en él. Sólo así caigo rendida.
He aprovechado un despiste suyo para actualizar el blog. No es que me haya quitado el ordenador, soy yo la que no tiene tiempo de escribir porque prefiero su compañía.
Mi secuestrador es un ángel que apareció cualquier noche cuando me disponía a llegar a casa. Me metió en el coche y me miró. Le miré. Primero nos hablamos con silencios, después con miradas, finalmente con besos. En ningún momento me forzó, todo ocurrió tan natural, todo fue tan tierno, que hasta me cuesta decir que me secuestró.
Después de unos días, empiezo a padecer el síndrome de Estocolmo. No sé si me dejará la ventana abierta para que me escape, o será él el que salga corriendo. No querría que pasara ninguna de las dos cosas. De momento no quiero pensarlo, quiero vivirlo y sentirlo.
Afortunadamente no me han metido en ningún zulo de tres metros cuadrados. Siento la libertad más que nunca y lo único que puedo echarle en cara a mi secuestrador es que me roba el poco tiempo libre que tengo. Pero con mi consentimiento. Me encanta. Me deja en casa y me dice cosas bonitas. Me llama y se preocupa por mí. Me hace reír, me invita a cenar.
Mi secuestrador me quita el sueño, me hace padecer de insomnio que aprovecho para pensar en él. Sólo así caigo rendida.
He aprovechado un despiste suyo para actualizar el blog. No es que me haya quitado el ordenador, soy yo la que no tiene tiempo de escribir porque prefiero su compañía.
Mi secuestrador es un ángel que apareció cualquier noche cuando me disponía a llegar a casa. Me metió en el coche y me miró. Le miré. Primero nos hablamos con silencios, después con miradas, finalmente con besos. En ningún momento me forzó, todo ocurrió tan natural, todo fue tan tierno, que hasta me cuesta decir que me secuestró.
Después de unos días, empiezo a padecer el síndrome de Estocolmo. No sé si me dejará la ventana abierta para que me escape, o será él el que salga corriendo. No querría que pasara ninguna de las dos cosas. De momento no quiero pensarlo, quiero vivirlo y sentirlo.
Bonito secuestro! jeje. No estaría mal que nos secuestraran así a tod@s. Haces bien... Ahora no pienses en qué podría o no pasar... Aprovecha el momento!
Qué gusto de secuestro tú... Así no me extraña que tengas síndrome de Estocolmo...
Vívelo y siéntelo, no lo dudes, y no mires ni atrás ni adelante... Es lo mejor...
Un besazo y a vivir que son dos días...
hoy me levanto de la cama y miro el zulo vacio y me doy cuenta que vuelvo a pensar la manera de secuestrarte cada día. Voy a pedir rescates inmensos que puedan asegurarme que sólo escaparás bajo mi consentimiento, pero siempre respetando el tuyo.
El tiempo pasa demasiado deprisa mientras te retengo y demasiado lento en cuanto aparece la posibilidad de devolverte.
Cada vez se hace más duro respetar tu libertad y eso implica que tambien se hace más duro asumir la mia, pues con la una aparece la otra y yo prefiero los secuestros.
No sé cuando volverá a pasar pero ójala que los próximos secuestros sean cada vez más largos.
Me estás volviendo loco a rabiar pues envidio a todos aquellos que pagan tu rescate y te tienen a su lado mientras yo planeo tenerte de nuevo.
wow.... flipante
(es que aún no me he recuperado de la intensidad)
Un besote
wow.... flipante
(es que aún no me he recuperado de la intensidad)
Un besote
Qué bien!!! Una secuestrada consentida y un secuestrador que deja libertad!!!
Secuestrador, lo sabes, nunca aceptarás ningún rascate...
Un besazo y a disfrutar!
uff, esos secuestros no están nada mal.